miércoles, 30 de julio de 2014

Invierno

Desayuno derretido de queso y café en leche.
Desayuno metida entre las cobijas, intentando preservar el calor en mi cuerpo. Acostumbrada al trópico y a su temperatura cálida y festiva, el viento invernal del sur, que es ahora mi compañero, me golpea fuerte. Que puedo decir, tal vez lo que muchos antes de mí ya han dicho, el invierno, eso que en el resto de países por fuera del trópico conocen muy bien, es un duro golpe para quienes no estamos acostumbrados a él. 

Aunque por otro lado he hecho nuevos autodescubrimientos, por ejemplo, las bajas temperaturas activan en mí una forma particular de reaccionar, de pronto, cuando ya estoy a punto de petrificarme, estallo en una variación de movimientos corporales erráticos y desesperados, bailo ritmos inaudibles e invento nuevas técnicas de gimnasia anti-congelamiento. Por otro lado siento que mi cuerpo y mis pensamientos están en modo: hibernar. Es extraña la sensación, de repente entra un letargo y una somnolencia a la que no es fácil resistir, no hay fuego para moverse, hacer o inventar.

Crear, por estos días tiene sus retos, porque entre la cama caliente o la silla helada se necesita mucha fuerza de voluntad para escoger la segunda. 

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