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domingo, 17 de abril de 2016

Los amigos

Desayuno preparado por amigos. Pancakes, jamón,
fresa, banano y de tomar el mejor chocolate que he
probado: chocolate Valor, de España. 
Para mí, y creo que para muchas personas, los amigos son los hermanos del alma que uno elige en la vida. Tengo un puñado de amigos, son unos seres increíbles, tienen super poderes. 

Por ejemplo hay uno de ellos que tiene el super poder de hacer reír incluso en las situaciones más difíciles; hay otra que con su sola presencia inspira, es un mar de creatividad; otra llena cualquier lugar con su mirada profunda y serena, calma el solo estar a su lado; hay otra que tiene manos milagrosas y prepara las mejores tortas y postres para alegrar el corazón; otra de ellas tiene un efecto abrazo de mamá, verla ya es reconfortante; otro siempre tiene algún plan en mente para cambiar la rutina. Así son mis amigos, sus super poderes son mis aliados, tenerlos en mí vida me hace la persona más afortunada del mundo. Doy gracias cada que puedo por haberlos encontrado. Benditos sean los amigos. Gracias a ti que estas en ciudad capital y a ti que estas en la tierra del Tio Sam y a los que están  aquí pegaditos, en mí ciudad natal. 

viernes, 11 de marzo de 2016

Cocinar para alguien más


Pensé en escribir varias cosas cuando sucedió este desayuno. Quería hablar sobre lo fácil que me resulta en muchas ocasiones cuidar a otros, cocinar para otros, disponer algo rico, bello y agradable para que otras personas estén a gusto; y lo difícil que me resulta hacer eso mismo para mi. Ahora no quiero hablar sobre eso, solo diré que fue un muy buen desayuno, lo preparé con mucho agrado, y el gran amigo que me acompañó también lo disfrutó. Ya está. Eso es lo que hay. 

martes, 2 de febrero de 2016

Alimentando el cuerpo y el alma


Creo que una de las mejores formas de volver a recomponer el alma después de haber pasado por una situación dolorosa o difícil, es empezar por consentir el cuerpo. Le sigo la pista a esa palabra, me concentro entonces en la parte de sentir. Pienso ahora en lo necesario que es volver a sentir, poco a poco, el dolor que está y también el placer que hace parte de lo que significa vivir.

La comida es una buena puerta de entrada para ello. Aunque es indiscutible que cuando hay un gran dolor en el alma lo primero que se cierra es el apetito, también es un buen ejercicio ir abriendo la puerta a ese apetito progresivamente. Permitirse saborear de nuevo, incluso distraer la atención con una comida diferente, con un olor dulce que abraza o con una textura suave que reconforta. Bien dice el refrán “barriga llena, corazón contento”.


Solo puedo agradecer lo mucho que se ha calentado mi alma con el cuidado y el amor con el que me acogieron y consintieron dos hermosos seres que habitan la ciudad capital. Regresé  sintiéndome muy afortunada por la buena conversación, los abrazos, el olor y el sabor del chocolate caliente y los enormes desayunos. Complacida de ver sus rostros dulces, sus miradas compasivas, de sentir su calor, de arroparme con sus palabras y contagiarme de su magia y de su vida. A ellos dos toda mi gratitud y esta entrada recordando sus deliciosos desayunos.