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jueves, 19 de julio de 2018

Tiempo Caribe

Desayunos en el Caribe colombiano...


Arepa dulce, queso costeño, café negro.Galeras, Sucre.

Pava de ají, yuca, queso, suero y café negro.
Ovejas, Sucre.


Arepa e´huevo, bollo limpio, suero y café.
Montería, Córdoba. 
Tortilla con tomate y ají, bollo de coco, suero,
jugo de zapote.
Montería, Córdoba. 



Huevos con aliños, bollo limpio, queso,
suero, café.
Montería, Córdoba. 

 #Córdobamerobóelcorazón 
#Acentofusión

Caminar con los zapatos viejos y rotos, buscar la sombra, intentar bailar, pasar horas y horas intercambiando palabras, llamar al tuchinero y tomar tinto a orillas del Sinú, buscar una sopa de hueso, ajá, esperar la puesta del sol, saludar despacio, despedirse por etapas, volver, quedarse, volverse a despedir, regresar.  

martes, 28 de noviembre de 2017

La sabia ignorancia

Leyendo a Manuel Zapata Olivella me encuentro esta reflexión que quiero dejar a la vista: 

¿Cuál es el mundo del ignorante? Un universo sencillo con un sol que quema, unas estrellas que son las almas de los muertos, una geografía que confina con la provincia natal, una amor que termina con la muerte de los seres y un Dios para explicar cualquier aventura metafísica. Pero nosotros, los que hemos bebido de los libros algo más de las cuatro operaciones y las doctrinas del Padre Astete, nosotros que somos la historia andando las incógnitas viviendo, la filosofía mando; nosotros que por saber tanto tenemos el dolor profundo de sabernos ignorantes, ¿a quién le debemos tanto si no a los libros? Los libros son mi consuelo, el consuelo de no poder vivir lo que otros viven, el consuelo de la nostalgia por lo desconocido y el olvido de “saberse desperdiciando los mejores años de la manera más estúpida. Desperdiciando la vida, ¿comprendes?” Y el hombre sólo tiene una vida. “La vida no se repite”, como decía Chejov. Sí, los libros son culpables de cuanto nos pasa a nosotros, pero estoy satisfecho de la sabia ignorancia que me han dado. 

Tomado de: Pasión Vagabunda, página 28. 

sábado, 1 de abril de 2017

El 2016


No quería dejar pasar otro mes sin publicar por lo menos un compilado de la surtida experiencia de desayunos que tuvo el 2016. Nuevos sabores, paisajes caribeños, encuentros con amigos, jornadas de trabajo, y la bendición que es conocer personas sorprendentes que llegan a hacer parte de tu vida. 

El 2016, con sus mañanas soleadas y calurosas, vividas en gran parte en el Caribe Colombiano, será uno de los años más extraños y sorprendentes que atesorare en mi corazón. Gracias a todos los que hicieron parte de ese año de descubrimientos. 

domingo, 17 de abril de 2016

Los amigos

Desayuno preparado por amigos. Pancakes, jamón,
fresa, banano y de tomar el mejor chocolate que he
probado: chocolate Valor, de España. 
Para mí, y creo que para muchas personas, los amigos son los hermanos del alma que uno elige en la vida. Tengo un puñado de amigos, son unos seres increíbles, tienen super poderes. 

Por ejemplo hay uno de ellos que tiene el super poder de hacer reír incluso en las situaciones más difíciles; hay otra que con su sola presencia inspira, es un mar de creatividad; otra llena cualquier lugar con su mirada profunda y serena, calma el solo estar a su lado; hay otra que tiene manos milagrosas y prepara las mejores tortas y postres para alegrar el corazón; otra de ellas tiene un efecto abrazo de mamá, verla ya es reconfortante; otro siempre tiene algún plan en mente para cambiar la rutina. Así son mis amigos, sus super poderes son mis aliados, tenerlos en mí vida me hace la persona más afortunada del mundo. Doy gracias cada que puedo por haberlos encontrado. Benditos sean los amigos. Gracias a ti que estas en ciudad capital y a ti que estas en la tierra del Tio Sam y a los que están  aquí pegaditos, en mí ciudad natal. 

martes, 5 de abril de 2016

Cuestiones cotidianas

Desayuno tostadas francesas y café en aguapanela. 
Me molesta pensar en cómo los asuntos que hacen parte indisoluble de cada día se vuelven rutinarios, mecánicos. Sin embargo con un solo giro que hagamos sobre ellos se abre un portal y entra un nuevo aire para refrescar la vida. 

Me refiero por ejemplo a la ruta que tomamos a diario, a la manera cómo nos acostamos, la forma de vestirnos y por supuesto el desayuno que tomamos cada día. De este tema han hablado mucho las personas que trabajan con creatividad, muchas investigaciones se han enfocando en cómo las  variaciones que se hacen en las acciones cotidianas trae nuevos caminos neuronales y así nuevas opciones. Me gusta entrenarme en este asunto, procuro estar intentando nuevas rutas, de algunas cosas, pues la verdad es que para otras suelo ser bastante conservadora. 

Por estos días me entreno por ejemplo en escribir con mi mano izquierda. ¡Qué tontería! dirán algunos. Sin embargo, he descubierto una sensación bastante particular en el cuerpo, cuando estoy concentrada en la tarea de escritura zurda. Es como si mi eje corporal se desplazar, como si mi cerebro girara su ángulo interno. Es una sensación un poco difícil de describir, porque es como si algo adentro de mí cambiara completamente. Al inicio no es una sensación agradable, es más bien como si alguien entrara a tu casa y reorganizara todo, como si las cosas que sabes dónde están y cómo funcionan ya no estuvieran más allí, y como si todo hubiera que reconstruirlo. Pero es esa, a fin de cuentas, una sensación que impulsa, en lo personal me reta, se convierte en un desafío, por eso pienso que es un entrenamiento en cuestiones cotidianas. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Tiempo de ir a jugar

Desayuno con los amigos. Pancakes, buñuelos,
pandebonos, café, jugo de naranja!!!
Hay un tiempo para pensar, para sentirse, para soñar ser otro, para discutir con los otros que habitan dentro de uno, para reconciliarse con la imagen en el espejo, para sentirse agradecido, para estar enojado o triste, para quedarse en blanco, para escuchar la lluvia, para ver nacer el sol. Hay un tiempo para querer hacer y otro para entregarse a la nada.

Cuándo nos separamos de los múltiples tiempos que podemos transitar. Hoy en día pareciera que solo existe uno, si acaso dos tiempos, y qué pasó con los tiempos que están ahí a la vuelta de la esquina. El tiempo agazapado detrás de la puerta de la casa o el tiempo de mirar por la ventana (ya las personas casi no miran por la ventana, no se asoman, no contemplan el pasar de las tardes y las gentes desde el marco cómplice), el tiempo de abrazarse largo y feliz a alguien que quieres, el tiempo de cocinar, el tiempo de regar el jardín.


Extraño por estos días el tiempo de jugar, de correr descalza. Creo que esos son tiempos de infancia, he tratado de prolongarlos a lo largo de mi vida, porque el juego para mí es como un frasco de vitaminas, un reconstituyente natural, excelente antioxidante, una de las mejores maneras para medir la flexibilidad del espíritu y un gran calmante en caso de crisis nerviosa. El juego, bendito sea, es una de los grandes recursos que tenemos. Debería existir un reloj que marque el tiempo sagrado de volver a jugar.  

domingo, 11 de octubre de 2015

Silencio vs. voz alta

Desayuno pan y aguapanela. Es más bien un pre-desayuno. 
Qué decir hacia afuera cuando uno siente que cualquier palabra que se pronuncie en voz alta puede ser usada en su contra. A veces, muchas, es mejor guardar silencio. Días de silencio, y sin embargo he pronunciado varias palabras que me han complicado. Muchas veces me hago preguntas en voz alta, preguntas sobre cosas que voy sintiendo o pensando, asuntos que reflexiono sobre mi relación con los otros, sobre mi manera de comportarme, de sentir, de hacer; y en ocasiones, muy contadas, me hago esas preguntas en compañía de una o dos personas muy cercanas en mi vida. Pero a veces esas preguntas pueden traer una oleada de situaciones que no veía venir. 

Qué decir y qué silenciar, es un tema que pienso desde hace mucho tiempo. Qué cuestiones es mejor poner en diálogo, en debate incluso, y cuáles es mejor rumiar para adentro o incluso mejor no tocar, sino dejar pasar, no alimentar. Es difícil hacer esa distinción. Creo que es difícil entender incluso este texto. Estas son palabras que he soltado como palomas que estaban represadas en un caja y a las que se les han abierto las puertas, salen todas disparadas sin orden, sin rumbo, en un estallido de plumas y aleteos que no permiten distinguir bien de qué se trata. Bueno, muchas veces así es la vida, un estallido de cosas que no logras reconocer sino hasta que ha pasado el alboroto. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Despedirse

Inspirada por una amiga y su desayuno, continuo escribiendo. 
Una de mis películas vetadas es Toy Story 3 por absurdo que parezca. Es una gran obra esa película, no la tengo vetada porque no me resulte fascinante, de gran factura y muy inteligente. Es por su fondo: despedirse, soltar, cerrar ciclos. Cuánto trabajo me cuesta ese asunto.

Si no estoy mal, los Budistas tienen un principio relacionado con este tema, dice más o menos así: “cuando algo termina, termina.” Qué difícil me resulta comprender esto. Hablaba con alguien esta semana sobre este tema y le preguntaba: bueno, y ¿cómo sabes cuándo es ese cuándo? Porque a veces he pensado que ya es tiempo de que algo termine, pero también me doy cuenta de que puedo ser yo misma queriéndome dar por vencida, renunciando. Entonces cómo estar segura de que es el tiempo para irse, de que ya no se puede hacer nada más ahí, que ya no hay cómo seguir construyendo, amando, edificando, aprendiendo algo, sino que ya se ha terminado. Esa pregunta me ronda, la verdad me atormenta, cómo saber.


Luego llega el otro paso, soltar, despedirse. Saber que eso que se vivió ya pasó, y es en ese momento en el que siento que me desgarro por dentro, que pedazos de mi alma se me desprenden a jirones. Ver a Andy (en la película) marchándose a su “nueva vida” y sentir que todo eso que se vivió, se rió, se jugó, se amó, ya paso, ya no está más. Es esa sensación la que me destroza como una granada de fragmentación que estalla por dentro. ¡Dramática! Es verdad, no sé cómo poner en palabras la sensación, pero a fin de cuentas, para mí, es devastadora. Hoy no pretendo llegar a ninguna gran conclusión, ni tengo la respuesta a esta pregunta, solo pasaba por aquí y decidí contar esto que me ronda. 

jueves, 20 de agosto de 2015

Cultivar las pasiones

Desayuno arepa de chócolo con quesito (un antojo desde hace días)
 y de tomar aguapanela con jengibre para subir mi energía. 
Hace días (mas bien años) pienso en el ejercicio constante que implica cultivar las pasiones, alimentar aquellas cosas que llenan el corazón y que de una u otra forma nos dan sentido. 

Un día pensé que uno debería tener algo así como un botiquín de emergencia para el alma, algo en lo material que permita reponerte cuando las cosas se ponen difíciles. Pero ya la medicina viene hablando hace rato del enfoque preventivo, más que de una mirada de urgencia. Y es en esa prevención en la que trato de centrar ahora mi esfuerzo. 

Así como es posible cuidarte desde lo físico, atenderte con unos alimentos deliciosos y también nutritivos, buscar una actividad física que te alegre el cuerpo, que te recuerde la felicidad del movimiento y la vitalidad, darte un sueño de calidad, entre otras cosas; también pienso que poco a poco uno puede construir un cuidado del mundo interior, del espíritu que llaman algunos, o el alma que nombran otros o del corazón si se quiere. Ya otros han hablado sobre esto, sobre el cuidado del alma, sobre el alimento para el corazón. Lo que sucede es que a diferencia del cuerpo, que de alguna manera nos pide ciertas cosas comunes a todos, agua por ejemplo o luz o alimentos; el mundo interior tiene requerimientos muy particulares, por eso implica un ejercicio muy dedicado primero reconocer qué es eso que lo nutre, y segundo tener la disciplina y constancia para hacerlo. 

Hace poco me vi la película Intensamente, una obra maestra por cierto, que logra presentar con claridad y precisión muchas cosas de ese mundo interior tan complejo. Y pensando sobre algo que aparece allí, que ellos llaman las "Islas" que son aspectos que conforman la personalidad de cada uno, se me venía la idea de hacer un listado de esas "islas" que son importantes en mi vida, y que requieren ser alimentadas constantemente, porque lo que no se nutre tiende a desaparecer.  

sábado, 13 de junio de 2015

¿Para qué?

Desayuno aguapanela con jengibre.
Creí que hablaba abiertamente en este lugar. Pensé que mis palabras eran diáfanas, que dejaban ver claramente lo que soy, lo que me pasa adentro. Estaba equivocada, siempre voy dando vueltas, rodeos, hablando de otros temas, dando giros, poniendo otros ejemplos, alguna cita que logre ilustrar algo. No consigo hablar de frente, directamente, no sé hacerlo. 

Tal vez alguien logre hacerse ideas de lo que soy, de quién soy, de qué pienso y cómo vivo mis días con estas palabras que lanzo aquí, tal vez. ¿Qué importa? Qué sentido tiene hacer lo que hago, escribir estas palabras. Qué sentido tiene seguir haciendo las cosas que aprendí a hacer e intentar otras, unas nuevas. 

Los músculos de mi cuerpo están tensos, mi mandíbula se aprieta últimamente, ahora soy consiente de eso. Mi estómago se estremece y luego se revuelve y mis pensamientos van rápidos, como un boletín informativo de Colombia que solo deja un reguero de malas noticias y poca esperanza. 

martes, 17 de marzo de 2015

La Alegría del Corazón

Vuelvo a desayunar huevo y pan, pero ahora
tomo aguapanela con jengibre. 
Algunas personas que me conocen sabrán que mi tema, mi pregunta constante es sobre el cómo no perderse de uno mismo, cómo no dejar que ese hilo rojo que te guía se te escape de las manos. Cuando eso pasa, nos toma algunos golpes, tropezones, lagrimas volverlo a encontrarlo, orientarnos en el camino, y cuando eso sucede, cuando sentimos que tenemos la certeza de estar donde es, dando los pasos que son, es cuando pienso que brota una gran alegría del corazón.

Bert Hellinger lo dice muy bien en su libro Felicidad que Permanece: “Uno palpa SU camino adelante, centímetro a centímetro, a lo largo del hilo rojo. Cada latido del corazón es un centímetro más. Es decir que se avanza con los latidos del corazón”.  Y yo pienso que cuando se está avanzando con esos latidos, además existe una gran felicidad que impulsa, que alienta a seguir avanzando.

Para mí la tarea es precisamente no soltar el hilo rojo de las manos. Se pensaría que es una tontería soltarlo, pero sucede, más frecuentemente de lo que uno cree, lo suelto, lo soltamos, vamos caminando y en un segundo alguien te dice algo, que te gires, que mires otra cosa, que prestes atención a esto o a aquello y en un descuido el hilo se te escurre de las manos.  A veces he intentado buscar ese hilo afuera, incluso alguna vez tome el hilo de alguien más convencida de que era el mío. ¡Qué fácil es perderse de uno mismo!

Luego, con el tiempo, he visto que la única manera de reencontrarlo, cuando lo has dejado escapar, es volver a su origen, es decir, al corazón, al propio corazón. Intentar con todas las fuerzas palpar a tientas, afinar el oído, sobre todo el oído interno y la conciencia corporal, porque cuando lo tomas de nuevo entre tus manos el corazón da un salto, es inconfundible, hay un brinco de emoción interno, una fiesta adentro de ti porque has vuelto a casa y todo en ti, sin lugar a dudas va a celebrarlo.


Ahora mismo vivo un poco de esa fiesta dentro de mí, estoy fluyendo con esa alegría del corazón, después un largo invierno, de andar dando tumbos intentando agarrar el hilo que se me había escapado de entre las manos. 

lunes, 26 de enero de 2015

¿Amor Propio?

Desayuno pandebonos con chocolate. 
Creo que eso que llaman amor propio es poder estar alimentando continuamente esa conexión profunda con uno mismo, es hacer, tener presente y seguir haciendo aquellas cosas que le hacen tanto bien al alma. 

Pero aquí es donde me confundo, porque en ocasiones se puede seguir haciendo eso que da bienestar, pero aún así no estar alimentándose a uno mismo. Es decir, hay momentos en los que aunque uno esté haciendo eso que le da satisfacción y bienestar, esa chispa, ese palpitar interno que te llena no sucede. Qué es lo que ocurre en esos momentos entonces, que aunque continúes moviéndote la auto conexión parece presentar interferencia...

martes, 20 de enero de 2015

Tiempo

Desayuno huevo revuelto con una tajada de pan y aguapanela.
Levantarme de la cama me toma alrededor de 40 minutos. A pesar de que me despierte a voluntad, es decir, sin ayuda de despertadores o alarmas, dejando que el sueño abandone naturalmente el cuerpo, aún así no puedo levantarme inmediatamente. El cuerpo me pesa y algo en mí no termina de llegar hasta pasados treinta o cuarenta minutos. Eso creo, realmente nunca he medido el tiempo exactamente en el reloj. 

Abro los ojos, miro la ventana, escucho los sonidos que trae la mañana: un carro pasa, algún radio suena, tal vez unas voces se cruzan, no comprendo palabras completas. Mi mente intenta capturar las imágenes del sueño pero estas se evaporan. Vienen los perros a saludar, pasan, juegan, golpean la cama con sus colas. 

Cierro los ojos, siento frío, me cubro de nuevo con la cobija. Me estiro, me revuelvo en el espacio acolchado, un cuadrilátero sin mas contrincantes que las sabanas revueltas. Al cabo de un tiempo me siento completa, compacta, lista para salir al mundo. 

Muchas veces he pensado en lo que significa el tiempo, en el paso del tiempo, en ese caballo vertiginoso que no se detiene por nadie, que vale oro, como dicen por ahí, sin embargo por mas prisas que lleve, uno no puede ir por el mundo a la velocidad de los otros, por pura autoconservación. Cómo es posible acelerar el ritmo interno sin despedazarse por dentro. Cómo correr cuando tus pies apenas intentan caminar. 

Encuentro perfectas las palabras de Juan José Hoyos sobre la velocidad en su escrito El Método Salvaje "La velocidad no solo nos impide ver lo que pasa. Pienso que tampoco nos deja entendernos a nosotros mismos, ni a nuestro entorno, ni siquiera a nuestro oficio. La velocidad marea y no deja pensar. La velocidad no permite que alcancemos a escuchar a nadie". 

Estas palabras se ajustan a mi sentir sobre el paso del tiempo, sobre el afán de vivir una vida sin tomarnos ni siquiera la molestia de escucharnos a nosotros mismos, a nuestro ritmo interno, a ese movimiento sagrado que nos permite digerir el mundo que captan los sentidos y poder devolver a él, al mundo, nuestra música del corazón, cualquiera que sea, la que cada uno viene a entregar. 

sábado, 17 de enero de 2015

Carta de Gratitud

Desayuno una arepa de espinaca que me regaló una amiga,
y agua de panela fría para el calor. 
"Hay muchas cosas que me están sucediendo de las no he hablado. No quería que este encuentro de la vida se convirtiera en un confesionario de lamentos y ratos tristes. Quería mucho que mi alma, al verte, recuperara la dicha, la alegría, el color; y es exactamente eso lo que ha sucedido, el milagro se ha dado y es lo que quiero agradecer". 

La mañana del sábado otra vez me trae un nuevo impulso, una nueva posibilidad, eso es lo que sucede. He podido escribir de vuelta, un encuentro me reaviva y puedo volverme a derramar en papel a través de una carta de gratitud. Poco a poco puedo ponerme en movimiento, como si después de una largo congelamiento rayitos de sol me estuvieran calentando nuevamente. 

Esto es la vida, larga y ancha mientras dura, con todas sus luces y sombras. 

viernes, 16 de enero de 2015

Queso y miel

Desayuno sánduche de queso y miel, una de mis versiones favoritas de desayuno por estos días. Lo acompaño de un café con leche colombiano.  

Días de silencio. De mirarme para dentro, de respetar mis ritmos, mis tiempos. Nada más. 

martes, 16 de septiembre de 2014

Submarino

Durante mucho tiempo al pensar en un submarino, regularmente me remitía a la canción de los Beatles, no sé porqué contando con tantas opciones de submarinos en el mundo, mi mente siempre optaba por esa versión amarilla, hasta ahora. 

Resulta que para los Porteños la versión de un submarino es bastante atractiva, una deliciosa barra de chocolate que se sumerge en un pocillo de leche caliente, dando origen a su chocolate o submarino. Qué tan lejos estoy de mi chocolate negro en aguapanela. Pero es bastante atractiva y deliciosa esta versión. Además, suelen acompañarla de medialunas de manteca. Bueno, mi exploración de desayunos, debo decirlo, va bastante bien. 

miércoles, 30 de julio de 2014

Invierno

Desayuno derretido de queso y café en leche.
Desayuno metida entre las cobijas, intentando preservar el calor en mi cuerpo. Acostumbrada al trópico y a su temperatura cálida y festiva, el viento invernal del sur, que es ahora mi compañero, me golpea fuerte. Qué puedo decir, tal vez lo que muchos antes de mí ya han dicho, el invierno, eso que en el resto de países por fuera del trópico conocen muy bien, es un duro golpe para quienes no estamos acostumbrados a él. 

Aunque por otro lado he hecho nuevos autodescubrimientos, por ejemplo, las bajas temperaturas activan en mí una forma particular de reaccionar, de pronto, cuando ya estoy a punto de petrificarme, estallo en una variación de movimientos corporales erráticos y desesperados, bailo ritmos inaudibles e invento nuevas técnicas de gimnasia anti-congelamiento. Por otro lado siento que mi cuerpo y mis pensamientos están en modo: hibernar. Es extraña la sensación, de repente entra un letargo y una somnolencia a la que no es fácil resistir, no hay fuego para moverse, hacer o inventar.

Crear, por estos días tiene sus retos, porque entre la cama caliente o la silla helada se necesita mucha fuerza de voluntad para escoger la segunda. 

sábado, 17 de mayo de 2014

Desayuno de Domingo un Sábado

Desayuno café en leche y tostadas francesas
(pan con huevo revuelto, aunque se vea diferente). 
Lo prosaico, esa masa aparentemente inaprensible, pero insumo fundamental que estructura nuestras vidas, es tan obvia que pasa totalmente desapercibida. Por estos días, que ya son bastantes, algo así como 10 o 15 años, vengo meditado sobre la importancia de poner más atención a la vida cotidiana, y cuando digo vida cotidiana me refiero a ese tiempo, actividades, rutas, gustos, comida, rutinas, lugares que por ser tan permanentes en nuestras vidas pasan totalmente desapercibidos.

Estamos entrenados para responder a lo nuevo, lo diferente, exótico, fuera de lugar, sin embargo, nuestra vida está configurada en una marco de acciones repetitivas, gustos aprendidos, caminos memorizados y aún así no les damos el lugar que se merecen. No exaltamos el gesto común de levantarnos a la misma hora, de la misma cama, bañarnos en el mismo baño y sacar nuestra comida de la misma nevera de los últimos 6, 10 o 15 años. De pronto mueres, si tienes la suerte de tener hijos o familiares, a lo mejor ellos te recuerden a través de los objetos que usabas casi a diario y tú ni consideraste importantes.

Por eso mi defensa, o mejor mi venia es a esos objetos, rutas, lugares y personas que están tan permanentes en nuestras vidas que no son vistos, honrados o reconocidos. Mis palabras en mis diarios intentan preservar estos días y costumbres intangibles que se escurren entre los dedos y, a pesar de eso, son los que configuran lo que somos, lo que hacemos o por lo que seremos, tal vez con suerte, recordados cuando ya no estemos.