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martes, 28 de noviembre de 2017

La sabia ignorancia

Leyendo a Manuel Zapata Olivella me encuentro esta reflexión que quiero dejar a la vista: 

¿Cuál es el mundo del ignorante? Un universo sencillo con un sol que quema, unas estrellas que son las almas de los muertos, una geografía que confina con la provincia natal, una amor que termina con la muerte de los seres y un Dios para explicar cualquier aventura metafísica. Pero nosotros, los que hemos bebido de los libros algo más de las cuatro operaciones y las doctrinas del Padre Astete, nosotros que somos la historia andando las incógnitas viviendo, la filosofía mando; nosotros que por saber tanto tenemos el dolor profundo de sabernos ignorantes, ¿a quién le debemos tanto si no a los libros? Los libros son mi consuelo, el consuelo de no poder vivir lo que otros viven, el consuelo de la nostalgia por lo desconocido y el olvido de “saberse desperdiciando los mejores años de la manera más estúpida. Desperdiciando la vida, ¿comprendes?” Y el hombre sólo tiene una vida. “La vida no se repite”, como decía Chejov. Sí, los libros son culpables de cuanto nos pasa a nosotros, pero estoy satisfecho de la sabia ignorancia que me han dado. 

Tomado de: Pasión Vagabunda, página 28. 

jueves, 20 de agosto de 2015

Cultivar las pasiones

Desayuno arepa de chócolo con quesito (un antojo desde hace días)
 y de tomar aguapanela con jengibre para subir mi energía. 
Hace días (mas bien años) pienso en el ejercicio constante que implica cultivar las pasiones, alimentar aquellas cosas que llenan el corazón y que de una u otra forma nos dan sentido. 

Un día pensé que uno debería tener algo así como un botiquín de emergencia para el alma, algo en lo material que permita reponerte cuando las cosas se ponen difíciles. Pero ya la medicina viene hablando hace rato del enfoque preventivo, más que de una mirada de urgencia. Y es en esa prevención en la que trato de centrar ahora mi esfuerzo. 

Así como es posible cuidarte desde lo físico, atenderte con unos alimentos deliciosos y también nutritivos, buscar una actividad física que te alegre el cuerpo, que te recuerde la felicidad del movimiento y la vitalidad, darte un sueño de calidad, entre otras cosas; también pienso que poco a poco uno puede construir un cuidado del mundo interior, del espíritu que llaman algunos, o el alma que nombran otros o del corazón si se quiere. Ya otros han hablado sobre esto, sobre el cuidado del alma, sobre el alimento para el corazón. Lo que sucede es que a diferencia del cuerpo, que de alguna manera nos pide ciertas cosas comunes a todos, agua por ejemplo o luz o alimentos; el mundo interior tiene requerimientos muy particulares, por eso implica un ejercicio muy dedicado primero reconocer qué es eso que lo nutre, y segundo tener la disciplina y constancia para hacerlo. 

Hace poco me vi la película Intensamente, una obra maestra por cierto, que logra presentar con claridad y precisión muchas cosas de ese mundo interior tan complejo. Y pensando sobre algo que aparece allí, que ellos llaman las "Islas" que son aspectos que conforman la personalidad de cada uno, se me venía la idea de hacer un listado de esas "islas" que son importantes en mi vida, y que requieren ser alimentadas constantemente, porque lo que no se nutre tiende a desaparecer.  

sábado, 13 de junio de 2015

¿Para qué?

Desayuno aguapanela con jengibre.
Creí que hablaba abiertamente en este lugar. Pensé que mis palabras eran diáfanas, que dejaban ver claramente lo que soy, lo que me pasa adentro. Estaba equivocada, siempre voy dando vueltas, rodeos, hablando de otros temas, dando giros, poniendo otros ejemplos, alguna cita que logre ilustrar algo. No consigo hablar de frente, directamente, no sé hacerlo. 

Tal vez alguien logre hacerse ideas de lo que soy, de quién soy, de qué pienso y cómo vivo mis días con estas palabras que lanzo aquí, tal vez. ¿Qué importa? Qué sentido tiene hacer lo que hago, escribir estas palabras. Qué sentido tiene seguir haciendo las cosas que aprendí a hacer e intentar otras, unas nuevas. 

Los músculos de mi cuerpo están tensos, mi mandíbula se aprieta últimamente, ahora soy consiente de eso. Mi estómago se estremece y luego se revuelve y mis pensamientos van rápidos, como un boletín informativo de Colombia que solo deja un reguero de malas noticias y poca esperanza. 

lunes, 26 de enero de 2015

¿Amor Propio?

Desayuno pandebonos con chocolate. 
Creo que eso que llaman amor propio es poder estar alimentando continuamente esa conexión profunda con uno mismo, es hacer, tener presente y seguir haciendo aquellas cosas que le hacen tanto bien al alma. 

Pero aquí es donde me confundo, porque en ocasiones se puede seguir haciendo eso que da bienestar, pero aún así no estar alimentándose a uno mismo. Es decir, hay momentos en los que aunque uno esté haciendo eso que le da satisfacción y bienestar, esa chispa, ese palpitar interno que te llena no sucede. Qué es lo que ocurre en esos momentos entonces, que aunque continúes moviéndote la auto conexión parece presentar interferencia...

domingo, 17 de marzo de 2013

Domingo 6:00 a.m.


Desayuno sánduche de queso y chocolate negro en aguapanela. 


Domingo, 6:00 a.m., el sueño se evapora por la ventana, intento rescatar los últimos fragmentos enredados en los pliegues de la sábana. Permanezco inmóvil intentando que mi cuerpo abandone la vigilia. Es inútil, aunque tengo la certeza de que ese sueño volverá mañana en la mañana a cobrar venganza.




Desde hace varios fines de semana el sueño se me escapa temprano, no logro contenerlo. Sin embargo durante la semana, cuando debo levantarme temprano estoy pérdida en el mundo onírico sin deseos de salir a flote. Es esa extraña condición humana, cuando tienes la certeza de que posees algo, lo das por sentado, es seguro, ya no tienes que esforzarte, pero cuando ya no está, buscas frenético la manera de retenerlo. Como los niños con los juguetes, solo quieren el que no pueden tener. Aunque poseas el objeto no puedes poseer el deseo, se te escurre entre los dedos como el agua, siempre está en otro lugar. Una búsqueda infinita hasta que tal vez, un día, decidas ya no perseguirlo más. No renegar por el sueño que tienes o no tienes, por los segundos que te hacen falta o por la espera interminable.