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domingo, 11 de octubre de 2015

Silencio vs. voz alta

Desayuno pan y aguapanela. Es más bien un pre-desayuno. 
Qué decir hacia afuera cuando uno siente que cualquier palabra que se pronuncie en voz alta puede ser usada en su contra. A veces, muchas, es mejor guardar silencio. Días de silencio, y sin embargo he pronunciado varias palabras que me han complicado. Muchas veces me hago preguntas en voz alta, preguntas sobre cosas que voy sintiendo o pensando, asuntos que reflexiono sobre mi relación con los otros, sobre mi manera de comportarme, de sentir, de hacer; y en ocasiones, muy contadas, me hago esas preguntas en compañía de una o dos personas muy cercanas en mi vida. Pero a veces esas preguntas pueden traer una oleada de situaciones que no veía venir. 

Qué decir y qué silenciar, es un tema que pienso desde hace mucho tiempo. Qué cuestiones es mejor poner en diálogo, en debate incluso, y cuáles es mejor rumiar para adentro o incluso mejor no tocar, sino dejar pasar, no alimentar. Es difícil hacer esa distinción. Creo que es difícil entender incluso este texto. Estas son palabras que he soltado como palomas que estaban represadas en un caja y a las que se les han abierto las puertas, salen todas disparadas sin orden, sin rumbo, en un estallido de plumas y aleteos que no permiten distinguir bien de qué se trata. Bueno, muchas veces así es la vida, un estallido de cosas que no logras reconocer sino hasta que ha pasado el alboroto. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Despedirse

Inspirada por una amiga y su desayuno, continuo escribiendo. 
Una de mis películas vetadas es Toy Story 3 por absurdo que parezca. Es una gran obra esa película, no la tengo vetada porque no me resulte fascinante, de gran factura y muy inteligente. Es por su fondo: despedirse, soltar, cerrar ciclos. Cuánto trabajo me cuesta ese asunto.

Si no estoy mal, los Budistas tienen un principio relacionado con este tema, dice más o menos así: “cuando algo termina, termina.” Qué difícil me resulta comprender esto. Hablaba con alguien esta semana sobre este tema y le preguntaba: bueno, y ¿cómo sabes cuándo es ese cuándo? Porque a veces he pensado que ya es tiempo de que algo termine, pero también me doy cuenta de que puedo ser yo misma queriéndome dar por vencida, renunciando. Entonces cómo estar segura de que es el tiempo para irse, de que ya no se puede hacer nada más ahí, que ya no hay cómo seguir construyendo, amando, edificando, aprendiendo algo, sino que ya se ha terminado. Esa pregunta me ronda, la verdad me atormenta, cómo saber.


Luego llega el otro paso, soltar, despedirse. Saber que eso que se vivió ya pasó, y es en ese momento en el que siento que me desgarro por dentro, que pedazos de mi alma se me desprenden a jirones. Ver a Andy (en la película) marchándose a su “nueva vida” y sentir que todo eso que se vivió, se rió, se jugó, se amó, ya paso, ya no está más. Es esa sensación la que me destroza como una granada de fragmentación que estalla por dentro. ¡Dramática! Es verdad, no sé cómo poner en palabras la sensación, pero a fin de cuentas, para mí, es devastadora. Hoy no pretendo llegar a ninguna gran conclusión, ni tengo la respuesta a esta pregunta, solo pasaba por aquí y decidí contar esto que me ronda. 

sábado, 13 de junio de 2015

¿Para qué?

Desayuno aguapanela con jengibre.
Creí que hablaba abiertamente en este lugar. Pensé que mis palabras eran diáfanas, que dejaban ver claramente lo que soy, lo que me pasa adentro. Estaba equivocada, siempre voy dando vueltas, rodeos, hablando de otros temas, dando giros, poniendo otros ejemplos, alguna cita que logre ilustrar algo. No consigo hablar de frente, directamente, no sé hacerlo. 

Tal vez alguien logre hacerse ideas de lo que soy, de quién soy, de qué pienso y cómo vivo mis días con estas palabras que lanzo aquí, tal vez. ¿Qué importa? Qué sentido tiene hacer lo que hago, escribir estas palabras. Qué sentido tiene seguir haciendo las cosas que aprendí a hacer e intentar otras, unas nuevas. 

Los músculos de mi cuerpo están tensos, mi mandíbula se aprieta últimamente, ahora soy consiente de eso. Mi estómago se estremece y luego se revuelve y mis pensamientos van rápidos, como un boletín informativo de Colombia que solo deja un reguero de malas noticias y poca esperanza. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Palabras

Pensaba por estos días en las palabras y las horas, en la forma en la que se relacionan las palabras y el tiempo, y en cómo existen palabras de acuerdo con el día, la estación, la temporada. 

Por ejemplo las palabras de la noche son diferentes a las de la mañana, estas últimas surgen fáciles, fluidas, frescas, como traídas por el viento del amanecer. En cambio las palabras de la noche pueden ser profundas, interiores, misteriosas, a veces incluso clandestinas, palabras que no pueden repetirse a viva voz con el sol de la mañana.

Asimismo pienso que hay palabras para el verano, para el mar y para los días de lluvia, palabras para la familia y palabras que se reservan para decirlas solo con la voz de adentro.  Creo que mis preferidas son dos: las palabras que llegan con el impulso del sol y las palabras que surgen sólo en las noches estrelladas. Por estos días también me llegan palabras de las tres de la mañana, son vertiginosas, rápidas, como peces en su recorrido migratorio. 

martes, 20 de enero de 2015

Tiempo

Desayuno huevo revuelto con una tajada de pan y aguapanela.
Levantarme de la cama me toma alrededor de 40 minutos. A pesar de que me despierte a voluntad, es decir, sin ayuda de despertadores o alarmas, dejando que el sueño abandone naturalmente el cuerpo, aún así no puedo levantarme inmediatamente. El cuerpo me pesa y algo en mí no termina de llegar hasta pasados treinta o cuarenta minutos. Eso creo, realmente nunca he medido el tiempo exactamente en el reloj. 

Abro los ojos, miro la ventana, escucho los sonidos que trae la mañana: un carro pasa, algún radio suena, tal vez unas voces se cruzan, no comprendo palabras completas. Mi mente intenta capturar las imágenes del sueño pero estas se evaporan. Vienen los perros a saludar, pasan, juegan, golpean la cama con sus colas. 

Cierro los ojos, siento frío, me cubro de nuevo con la cobija. Me estiro, me revuelvo en el espacio acolchado, un cuadrilátero sin mas contrincantes que las sabanas revueltas. Al cabo de un tiempo me siento completa, compacta, lista para salir al mundo. 

Muchas veces he pensado en lo que significa el tiempo, en el paso del tiempo, en ese caballo vertiginoso que no se detiene por nadie, que vale oro, como dicen por ahí, sin embargo por mas prisas que lleve, uno no puede ir por el mundo a la velocidad de los otros, por pura autoconservación. Cómo es posible acelerar el ritmo interno sin despedazarse por dentro. Cómo correr cuando tus pies apenas intentan caminar. 

Encuentro perfectas las palabras de Juan José Hoyos sobre la velocidad en su escrito El Método Salvaje "La velocidad no solo nos impide ver lo que pasa. Pienso que tampoco nos deja entendernos a nosotros mismos, ni a nuestro entorno, ni siquiera a nuestro oficio. La velocidad marea y no deja pensar. La velocidad no permite que alcancemos a escuchar a nadie". 

Estas palabras se ajustan a mi sentir sobre el paso del tiempo, sobre el afán de vivir una vida sin tomarnos ni siquiera la molestia de escucharnos a nosotros mismos, a nuestro ritmo interno, a ese movimiento sagrado que nos permite digerir el mundo que captan los sentidos y poder devolver a él, al mundo, nuestra música del corazón, cualquiera que sea, la que cada uno viene a entregar. 

domingo, 22 de abril de 2012

Desayuno de domingo

Desayuno de domingo conmigo misma
Es domingo en la mañana. Hace frío, el reporte del clima dice que será un día nublado y lloverá. Que más remedio. Me preparo una tortilla de huevo, la relleno con tomate que previamente he sofrito en mantequilla, le agrego un poco de parmesano y para terminar albahaca de mi huerto. 

Hago con todo el amor para mi misma un chocolate caliente. Me meto en la cama, acobijo mis pies que están helados. Desayuno mientras tecleo estas palabras en el computador. 

Cuenta la leyenda que es posible parar el diálogo mental, desconectar esa voz interna que cuestiona, critica, juzga, atemoriza... dicen que se puede llegar a silenciar completamente. ¿Cómo será?

Mi mente, cuestiona duramente cada uno de mis movimientos, aunque a veces creo que soy muy blanda conmigo misma. Dicen también que los psicólogos pueden llegar a ser muy despiadados con su propia humanidad. ¿Qué tanto? ¿cuál debe ser la medida de exigencia? ¿qué tanta presión debes ejercer sobre ti mismo? Ni tanto que queme al santo, ni tan poquito que no lo alumbre... Ese punto medio, ese gris perfecto, esa medida justa, que tarea más difícil. 

Hoy es domingo, el día está frío, la cama tibia, todo indica que me abrazaré a mi misma e hibernaré.