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sábado, 1 de abril de 2017

El 2016


No quería dejar pasar otro mes sin publicar por lo menos un compilado de la surtida experiencia de desayunos que tuvo el 2016. Nuevos sabores, paisajes caribeños, encuentros con amigos, jornadas de trabajo, y la bendición que es conocer personas sorprendentes que llegan a hacer parte de tu vida. 

El 2016, con sus mañanas soleadas y calurosas, vividas en gran parte en el Caribe Colombiano, será uno de los años más extraños y sorprendentes que atesorare en mi corazón. Gracias a todos los que hicieron parte de ese año de descubrimientos. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Tiempo de ir a jugar

Desayuno con los amigos. Pancakes, buñuelos,
pandebonos, café, jugo de naranja!!!
Hay un tiempo para pensar, para sentirse, para soñar ser otro, para discutir con los otros que habitan dentro de uno, para reconciliarse con la imagen en el espejo, para sentirse agradecido, para estar enojado o triste, para quedarse en blanco, para escuchar la lluvia, para ver nacer el sol. Hay un tiempo para querer hacer y otro para entregarse a la nada.

Cuándo nos separamos de los múltiples tiempos que podemos transitar. Hoy en día pareciera que solo existe uno, si acaso dos tiempos, y qué pasó con los tiempos que están ahí a la vuelta de la esquina. El tiempo agazapado detrás de la puerta de la casa o el tiempo de mirar por la ventana (ya las personas casi no miran por la ventana, no se asoman, no contemplan el pasar de las tardes y las gentes desde el marco cómplice), el tiempo de abrazarse largo y feliz a alguien que quieres, el tiempo de cocinar, el tiempo de regar el jardín.


Extraño por estos días el tiempo de jugar, de correr descalza. Creo que esos son tiempos de infancia, he tratado de prolongarlos a lo largo de mi vida, porque el juego para mí es como un frasco de vitaminas, un reconstituyente natural, excelente antioxidante, una de las mejores maneras para medir la flexibilidad del espíritu y un gran calmante en caso de crisis nerviosa. El juego, bendito sea, es una de los grandes recursos que tenemos. Debería existir un reloj que marque el tiempo sagrado de volver a jugar.  

domingo, 15 de febrero de 2015

Palabras

Pensaba por estos días en las palabras y las horas, en la forma en la que se relacionan las palabras y el tiempo, y en cómo existen palabras de acuerdo con el día, la estación, la temporada. 

Por ejemplo las palabras de la noche son diferentes a las de la mañana, estas últimas surgen fáciles, fluidas, frescas, como traídas por el viento del amanecer. En cambio las palabras de la noche pueden ser profundas, interiores, misteriosas, a veces incluso clandestinas, palabras que no pueden repetirse a viva voz con el sol de la mañana.

Asimismo pienso que hay palabras para el verano, para el mar y para los días de lluvia, palabras para la familia y palabras que se reservan para decirlas solo con la voz de adentro.  Creo que mis preferidas son dos: las palabras que llegan con el impulso del sol y las palabras que surgen sólo en las noches estrelladas. Por estos días también me llegan palabras de las tres de la mañana, son vertiginosas, rápidas, como peces en su recorrido migratorio. 

martes, 20 de enero de 2015

Tiempo

Desayuno huevo revuelto con una tajada de pan y aguapanela.
Levantarme de la cama me toma alrededor de 40 minutos. A pesar de que me despierte a voluntad, es decir, sin ayuda de despertadores o alarmas, dejando que el sueño abandone naturalmente el cuerpo, aún así no puedo levantarme inmediatamente. El cuerpo me pesa y algo en mí no termina de llegar hasta pasados treinta o cuarenta minutos. Eso creo, realmente nunca he medido el tiempo exactamente en el reloj. 

Abro los ojos, miro la ventana, escucho los sonidos que trae la mañana: un carro pasa, algún radio suena, tal vez unas voces se cruzan, no comprendo palabras completas. Mi mente intenta capturar las imágenes del sueño pero estas se evaporan. Vienen los perros a saludar, pasan, juegan, golpean la cama con sus colas. 

Cierro los ojos, siento frío, me cubro de nuevo con la cobija. Me estiro, me revuelvo en el espacio acolchado, un cuadrilátero sin mas contrincantes que las sabanas revueltas. Al cabo de un tiempo me siento completa, compacta, lista para salir al mundo. 

Muchas veces he pensado en lo que significa el tiempo, en el paso del tiempo, en ese caballo vertiginoso que no se detiene por nadie, que vale oro, como dicen por ahí, sin embargo por mas prisas que lleve, uno no puede ir por el mundo a la velocidad de los otros, por pura autoconservación. Cómo es posible acelerar el ritmo interno sin despedazarse por dentro. Cómo correr cuando tus pies apenas intentan caminar. 

Encuentro perfectas las palabras de Juan José Hoyos sobre la velocidad en su escrito El Método Salvaje "La velocidad no solo nos impide ver lo que pasa. Pienso que tampoco nos deja entendernos a nosotros mismos, ni a nuestro entorno, ni siquiera a nuestro oficio. La velocidad marea y no deja pensar. La velocidad no permite que alcancemos a escuchar a nadie". 

Estas palabras se ajustan a mi sentir sobre el paso del tiempo, sobre el afán de vivir una vida sin tomarnos ni siquiera la molestia de escucharnos a nosotros mismos, a nuestro ritmo interno, a ese movimiento sagrado que nos permite digerir el mundo que captan los sentidos y poder devolver a él, al mundo, nuestra música del corazón, cualquiera que sea, la que cada uno viene a entregar. 

sábado, 17 de mayo de 2014

Desayuno de Domingo un Sábado

Desayuno café en leche y tostadas francesas
(pan con huevo revuelto, aunque se vea diferente). 
Lo prosaico, esa masa aparentemente inaprensible, pero insumo fundamental que estructura nuestras vidas, es tan obvia que pasa totalmente desapercibida. Por estos días, que ya son bastantes, algo así como 10 o 15 años, vengo meditado sobre la importancia de poner más atención a la vida cotidiana, y cuando digo vida cotidiana me refiero a ese tiempo, actividades, rutas, gustos, comida, rutinas, lugares que por ser tan permanentes en nuestras vidas pasan totalmente desapercibidos.

Estamos entrenados para responder a lo nuevo, lo diferente, exótico, fuera de lugar, sin embargo, nuestra vida está configurada en una marco de acciones repetitivas, gustos aprendidos, caminos memorizados y aún así no les damos el lugar que se merecen. No exaltamos el gesto común de levantarnos a la misma hora, de la misma cama, bañarnos en el mismo baño y sacar nuestra comida de la misma nevera de los últimos 6, 10 o 15 años. De pronto mueres, si tienes la suerte de tener hijos o familiares, a lo mejor ellos te recuerden a través de los objetos que usabas casi a diario y tú ni consideraste importantes.

Por eso mi defensa, o mejor mi venia es a esos objetos, rutas, lugares y personas que están tan permanentes en nuestras vidas que no son vistos, honrados o reconocidos. Mis palabras en mis diarios intentan preservar estos días y costumbres intangibles que se escurren entre los dedos y, a pesar de eso, son los que configuran lo que somos, lo que hacemos o por lo que seremos, tal vez con suerte, recordados cuando ya no estemos. 

lunes, 6 de mayo de 2013

El Tiempo de la Inspiración


Desayuno derretido de queso y chocolate en aguapanela.
Por estos días he estado meditando sobre el tiempo en el que sucede la inspiración, ese instante que parece divino y en el que surgen imágenes, conceptos, ideas, proyectos en tu mente. A veces parece como si una mano más grande que tú los sembrara en tu interior, ¿Será?


Me he observando y descubrí que justo cuando estoy más ocupada en cumplir con una tarea que no me gusta, cuando debo dormir porque al día siguiente tengo que madrugar, cuando me piden que entregue algo urgente que no me agrada mucho, es exactamente en esos momentos en los que se me ocurren algunas ideas que puedo considerar como buenas o muy buenas, precisamente cuando no tengo el tiempo para realizarlas, porque siempre son ideas que no tienen nada que ver con lo que tengo que hacer o cumplir en el momento. Una solución podría ser simplemente anotar la idea y desarrollarla más adelante, pero es ahí cuando aparece el siguiente problema: la motivación y la energía. 

Cuando se me ocurre una idea, generalmente no llega sola, aparece con un cúmulo de energía disponible para ponerla en marcha, es como si fuera un combo: idea + combustible para hacerla. Por lo que si la apunto para hacerla luego, el combo desaparece y la energía se evapora, así que cuando vuelvo sobre la idea ya no me siento tan animada o dispuesta para materializarla. Qué problema. ¿Cómo hacer para poder darle cuerpo a estos chispazos divinos y a la vez cumplir con el día a día?