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martes, 5 de abril de 2016

Cuestiones cotidianas

Desayuno tostadas francesas y café en aguapanela. 
Me molesta pensar en cómo los asuntos que hacen parte indisoluble de cada día se vuelven rutinarios, mecánicos. Sin embargo con un solo giro que hagamos sobre ellos se abre un portal y entra un nuevo aire para refrescar la vida. 

Me refiero por ejemplo a la ruta que tomamos a diario, a la manera cómo nos acostamos, la forma de vestirnos y por supuesto el desayuno que tomamos cada día. De este tema han hablado mucho las personas que trabajan con creatividad, muchas investigaciones se han enfocando en cómo las  variaciones que se hacen en las acciones cotidianas trae nuevos caminos neuronales y así nuevas opciones. Me gusta entrenarme en este asunto, procuro estar intentando nuevas rutas, de algunas cosas, pues la verdad es que para otras suelo ser bastante conservadora. 

Por estos días me entreno por ejemplo en escribir con mi mano izquierda. ¡Qué tontería! dirán algunos. Sin embargo, he descubierto una sensación bastante particular en el cuerpo, cuando estoy concentrada en la tarea de escritura zurda. Es como si mi eje corporal se desplazar, como si mi cerebro girara su ángulo interno. Es una sensación un poco difícil de describir, porque es como si algo adentro de mí cambiara completamente. Al inicio no es una sensación agradable, es más bien como si alguien entrara a tu casa y reorganizara todo, como si las cosas que sabes dónde están y cómo funcionan ya no estuvieran más allí, y como si todo hubiera que reconstruirlo. Pero es esa, a fin de cuentas, una sensación que impulsa, en lo personal me reta, se convierte en un desafío, por eso pienso que es un entrenamiento en cuestiones cotidianas. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Tiempo de ir a jugar

Desayuno con los amigos. Pancakes, buñuelos,
pandebonos, café, jugo de naranja!!!
Hay un tiempo para pensar, para sentirse, para soñar ser otro, para discutir con los otros que habitan dentro de uno, para reconciliarse con la imagen en el espejo, para sentirse agradecido, para estar enojado o triste, para quedarse en blanco, para escuchar la lluvia, para ver nacer el sol. Hay un tiempo para querer hacer y otro para entregarse a la nada.

Cuándo nos separamos de los múltiples tiempos que podemos transitar. Hoy en día pareciera que solo existe uno, si acaso dos tiempos, y qué pasó con los tiempos que están ahí a la vuelta de la esquina. El tiempo agazapado detrás de la puerta de la casa o el tiempo de mirar por la ventana (ya las personas casi no miran por la ventana, no se asoman, no contemplan el pasar de las tardes y las gentes desde el marco cómplice), el tiempo de abrazarse largo y feliz a alguien que quieres, el tiempo de cocinar, el tiempo de regar el jardín.


Extraño por estos días el tiempo de jugar, de correr descalza. Creo que esos son tiempos de infancia, he tratado de prolongarlos a lo largo de mi vida, porque el juego para mí es como un frasco de vitaminas, un reconstituyente natural, excelente antioxidante, una de las mejores maneras para medir la flexibilidad del espíritu y un gran calmante en caso de crisis nerviosa. El juego, bendito sea, es una de los grandes recursos que tenemos. Debería existir un reloj que marque el tiempo sagrado de volver a jugar.  

domingo, 11 de octubre de 2015

Silencio vs. voz alta

Desayuno pan y aguapanela. Es más bien un pre-desayuno. 
Qué decir hacia afuera cuando uno siente que cualquier palabra que se pronuncie en voz alta puede ser usada en su contra. A veces, muchas, es mejor guardar silencio. Días de silencio, y sin embargo he pronunciado varias palabras que me han complicado. Muchas veces me hago preguntas en voz alta, preguntas sobre cosas que voy sintiendo o pensando, asuntos que reflexiono sobre mi relación con los otros, sobre mi manera de comportarme, de sentir, de hacer; y en ocasiones, muy contadas, me hago esas preguntas en compañía de una o dos personas muy cercanas en mi vida. Pero a veces esas preguntas pueden traer una oleada de situaciones que no veía venir. 

Qué decir y qué silenciar, es un tema que pienso desde hace mucho tiempo. Qué cuestiones es mejor poner en diálogo, en debate incluso, y cuáles es mejor rumiar para adentro o incluso mejor no tocar, sino dejar pasar, no alimentar. Es difícil hacer esa distinción. Creo que es difícil entender incluso este texto. Estas son palabras que he soltado como palomas que estaban represadas en un caja y a las que se les han abierto las puertas, salen todas disparadas sin orden, sin rumbo, en un estallido de plumas y aleteos que no permiten distinguir bien de qué se trata. Bueno, muchas veces así es la vida, un estallido de cosas que no logras reconocer sino hasta que ha pasado el alboroto.