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miércoles, 2 de marzo de 2016

Corazón gitano

Desayuno café con leche y croissant de jamón serrano.
Panadería Santa Leña, una delicia. 

Ahora mi Corazón va de tierra en tierra, leyendo la mano de quien se encuentra, bailando el ritmo que trae el viento. 

Me voy sin despedirme, levanto mis tiendas con la luz de la luna, y con el alba ya recorro otros caminos, sin decir adiós, sin mirar atrás.

jueves, 20 de agosto de 2015

Cultivar las pasiones

Desayuno arepa de chócolo con quesito (un antojo desde hace días)
 y de tomar aguapanela con jengibre para subir mi energía. 
Hace días (mas bien años) pienso en el ejercicio constante que implica cultivar las pasiones, alimentar aquellas cosas que llenan el corazón y que de una u otra forma nos dan sentido. 

Un día pensé que uno debería tener algo así como un botiquín de emergencia para el alma, algo en lo material que permita reponerte cuando las cosas se ponen difíciles. Pero ya la medicina viene hablando hace rato del enfoque preventivo, más que de una mirada de urgencia. Y es en esa prevención en la que trato de centrar ahora mi esfuerzo. 

Así como es posible cuidarte desde lo físico, atenderte con unos alimentos deliciosos y también nutritivos, buscar una actividad física que te alegre el cuerpo, que te recuerde la felicidad del movimiento y la vitalidad, darte un sueño de calidad, entre otras cosas; también pienso que poco a poco uno puede construir un cuidado del mundo interior, del espíritu que llaman algunos, o el alma que nombran otros o del corazón si se quiere. Ya otros han hablado sobre esto, sobre el cuidado del alma, sobre el alimento para el corazón. Lo que sucede es que a diferencia del cuerpo, que de alguna manera nos pide ciertas cosas comunes a todos, agua por ejemplo o luz o alimentos; el mundo interior tiene requerimientos muy particulares, por eso implica un ejercicio muy dedicado primero reconocer qué es eso que lo nutre, y segundo tener la disciplina y constancia para hacerlo. 

Hace poco me vi la película Intensamente, una obra maestra por cierto, que logra presentar con claridad y precisión muchas cosas de ese mundo interior tan complejo. Y pensando sobre algo que aparece allí, que ellos llaman las "Islas" que son aspectos que conforman la personalidad de cada uno, se me venía la idea de hacer un listado de esas "islas" que son importantes en mi vida, y que requieren ser alimentadas constantemente, porque lo que no se nutre tiende a desaparecer.  

martes, 17 de marzo de 2015

La Alegría del Corazón

Vuelvo a desayunar huevo y pan, pero ahora
tomo aguapanela con jengibre. 
Algunas personas que me conocen sabrán que mi tema, mi pregunta constante es sobre el cómo no perderse de uno mismo, cómo no dejar que ese hilo rojo que te guía se te escape de las manos. Cuando eso pasa, nos toma algunos golpes, tropezones, lagrimas volverlo a encontrarlo, orientarnos en el camino, y cuando eso sucede, cuando sentimos que tenemos la certeza de estar donde es, dando los pasos que son, es cuando pienso que brota una gran alegría del corazón.

Bert Hellinger lo dice muy bien en su libro Felicidad que Permanece: “Uno palpa SU camino adelante, centímetro a centímetro, a lo largo del hilo rojo. Cada latido del corazón es un centímetro más. Es decir que se avanza con los latidos del corazón”.  Y yo pienso que cuando se está avanzando con esos latidos, además existe una gran felicidad que impulsa, que alienta a seguir avanzando.

Para mí la tarea es precisamente no soltar el hilo rojo de las manos. Se pensaría que es una tontería soltarlo, pero sucede, más frecuentemente de lo que uno cree, lo suelto, lo soltamos, vamos caminando y en un segundo alguien te dice algo, que te gires, que mires otra cosa, que prestes atención a esto o a aquello y en un descuido el hilo se te escurre de las manos.  A veces he intentado buscar ese hilo afuera, incluso alguna vez tome el hilo de alguien más convencida de que era el mío. ¡Qué fácil es perderse de uno mismo!

Luego, con el tiempo, he visto que la única manera de reencontrarlo, cuando lo has dejado escapar, es volver a su origen, es decir, al corazón, al propio corazón. Intentar con todas las fuerzas palpar a tientas, afinar el oído, sobre todo el oído interno y la conciencia corporal, porque cuando lo tomas de nuevo entre tus manos el corazón da un salto, es inconfundible, hay un brinco de emoción interno, una fiesta adentro de ti porque has vuelto a casa y todo en ti, sin lugar a dudas va a celebrarlo.


Ahora mismo vivo un poco de esa fiesta dentro de mí, estoy fluyendo con esa alegría del corazón, después un largo invierno, de andar dando tumbos intentando agarrar el hilo que se me había escapado de entre las manos.