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jueves, 19 de julio de 2018

Tiempo Caribe

Desayunos en el Caribe colombiano...


Arepa dulce, queso costeño, café negro.Galeras, Sucre.

Pava de ají, yuca, queso, suero y café negro.
Ovejas, Sucre.


Arepa e´huevo, bollo limpio, suero y café.
Montería, Córdoba. 
Tortilla con tomate y ají, bollo de coco, suero,
jugo de zapote.
Montería, Córdoba. 



Huevos con aliños, bollo limpio, queso,
suero, café.
Montería, Córdoba. 

 #Córdobamerobóelcorazón 
#Acentofusión

Caminar con los zapatos viejos y rotos, buscar la sombra, intentar bailar, pasar horas y horas intercambiando palabras, llamar al tuchinero y tomar tinto a orillas del Sinú, buscar una sopa de hueso, ajá, esperar la puesta del sol, saludar despacio, despedirse por etapas, volver, quedarse, volverse a despedir, regresar.  

lunes, 16 de noviembre de 2015

Salir a desayunar

Desayuno croissant de queso crema y café con leche. 
Para mí ya es una vieja y arraigada costumbre desayunar antes de salir de la casa. Es importante tomar y comer algo antes de empezar cualquier tarea del día, es algo así como vestirme para salir. Pero a veces pasan cosas que hacen que salga sin desayunar: una falta de apetito severo, estar terriblemente retrasada para algo, un examen médico, o lo mejor, un encuentro para desayudar. 

El encuentro de esta semana fue una reunión de trabajo, pero eso no hizo que el desayuno fuera menos emocionante, o la compañía no me resultara grata y animosa para el corazón. Fue un gran desayuno, la delicia de una comida bien preparada, apetitosa. Disfruto preparar mis desayunos, buscar las variaciones del huevo, las posibilidades del pan, deleitarme con la tradicional arepa. Pero no puedo negar lo placentero que resulta que otro sea quien prepare algo delicioso, te lo sirva con belleza, lo disfrutes ahí sentado, sintiéndote atendido. Si yo me sirviera a mi misma con la misma dedicación que sirvo a otros sería una mujer muy bien alimentada. 

martes, 17 de marzo de 2015

La Alegría del Corazón

Vuelvo a desayunar huevo y pan, pero ahora
tomo aguapanela con jengibre. 
Algunas personas que me conocen sabrán que mi tema, mi pregunta constante es sobre el cómo no perderse de uno mismo, cómo no dejar que ese hilo rojo que te guía se te escape de las manos. Cuando eso pasa, nos toma algunos golpes, tropezones, lagrimas volverlo a encontrarlo, orientarnos en el camino, y cuando eso sucede, cuando sentimos que tenemos la certeza de estar donde es, dando los pasos que son, es cuando pienso que brota una gran alegría del corazón.

Bert Hellinger lo dice muy bien en su libro Felicidad que Permanece: “Uno palpa SU camino adelante, centímetro a centímetro, a lo largo del hilo rojo. Cada latido del corazón es un centímetro más. Es decir que se avanza con los latidos del corazón”.  Y yo pienso que cuando se está avanzando con esos latidos, además existe una gran felicidad que impulsa, que alienta a seguir avanzando.

Para mí la tarea es precisamente no soltar el hilo rojo de las manos. Se pensaría que es una tontería soltarlo, pero sucede, más frecuentemente de lo que uno cree, lo suelto, lo soltamos, vamos caminando y en un segundo alguien te dice algo, que te gires, que mires otra cosa, que prestes atención a esto o a aquello y en un descuido el hilo se te escurre de las manos.  A veces he intentado buscar ese hilo afuera, incluso alguna vez tome el hilo de alguien más convencida de que era el mío. ¡Qué fácil es perderse de uno mismo!

Luego, con el tiempo, he visto que la única manera de reencontrarlo, cuando lo has dejado escapar, es volver a su origen, es decir, al corazón, al propio corazón. Intentar con todas las fuerzas palpar a tientas, afinar el oído, sobre todo el oído interno y la conciencia corporal, porque cuando lo tomas de nuevo entre tus manos el corazón da un salto, es inconfundible, hay un brinco de emoción interno, una fiesta adentro de ti porque has vuelto a casa y todo en ti, sin lugar a dudas va a celebrarlo.


Ahora mismo vivo un poco de esa fiesta dentro de mí, estoy fluyendo con esa alegría del corazón, después un largo invierno, de andar dando tumbos intentando agarrar el hilo que se me había escapado de entre las manos.